jueves, 7 de abril de 2016

Las heridas invisibles


Si ayer estábamos cansados, hoy estamos destruidos. Otra vez, más de 12 horas en la calle pero con otras tres jornadas iguales a nuestras espaldas. ¡Somos unos campeones de la resistencia, unos “hooligans” del turismo!


Hoy precisamente, no teníamos que madrugar porque nuestra primera visita guiada comenzaba a las 12:45; pero como estos pobres chicos no han podido comprar ningún regalito durante el viaje (léase con ironía)… hemos tenido que madrugar para ir, de 10 a 12, a toooodas las tiendas de souvenirs de Berlín. Lo fascinante es que ya compraron casi todo el primer día… pero ya sabéis que el consumismo tiene un apetito ciego (los profes también hemos caído, ¿eh? Confesamos). Así, hemos vuelto a pasar por el Memorial del Holocausto y hemos descubierto que, bajo un aparcamiento de coches al aire libre muy cercano a este lugar histórico; se encontraba el búnker donde Hitler pasó sus últimas semanas de vida; antes de que los soviéticos tomaran Berlín. Una simple placa recuerda el lugar, que ahora parece un descampado con un par de tristes coches aparcados dentro.


Después, una vez llegados a la Puerta de Brandenburgo, hemos enfilado la magnífica avenida Unter den Linden. Originalmente, era el camino que unía la residencia del rey con el Tiergarten, y se convirtió en una de las calles principales del la ciudad en el S. XVIII. Hoy en día, aquí se encuentran las embajadas de los países más poderosos, tiendas de conocidísimas marcas y edificios y lugares históricos. De esta manera, hemos ido alternando, tienda de regalos, con la Universidad Humboldt; tienda de regalos, Teatro Maxim Gorki; tienda de regalos, Neue Wache… Y así, hasta llegar a la Isla de los Museos.


Como su propio nombre indica, ésta es un complejo de museos de grandísima relevancia internacional, situada en un ensanche del río Spree. Esta isla ha estado habitada desde el S. XIII y en otro tiempo albergó el Palacio Imperial, derruido en 1950. Se conservan algunos edificios de interés como la impresionante Catedral de Berlín (a la que hemos intentado entrar, pero debido a la gran afluencia de gente, no nos ha dado tiempo) o la serie de museos que dan nombre a la Isla: la Galería Nacional, el Museo Bode, Altes Museum, el Museo Egipcio de Berlín… y el maravilloso Museo de Pérgamo, para el cuál teníamos un visita reservada a las 12:45 (y menos mal que lo llevábamos preparado desde Madrid porque ¡menuda cola nos hemos ahorrado!).


El Museo de Pérgamo se construyó entre 1910 y 1930 a partir de un proyecto de Alfred Messels y Ludwig Hoffman. El museo debe su nombre al altar de Pérgamo, que se erige en el vestíbulo principal. Las tres colecciones independientes, el Museo de Antigüedades (griegas y romanas), el Museo de Antigüedades de Oriente Próximo y el Museo de Arte Islámico, son el resultado de las expediciones arqueológicas alemanas llevadas a cabo en Oriente Medio y Oriente próximo a finales del siglo XIX y principios del XX. La pieza más importante de la colección de antigüedades griegas y romanas es el gigantesco altar de Pérgamo, procedente de la acrópolis de la antigua ciudad de Pérgamo, en Asia Menor. La colección contiene también fragmentos de otras estructuras de Pérgamo del mismo periodo que incluyen la Puerta del Mercado de Mileto (¡alucinante!), una parte del templo de Atenea, ejemplos de escultura griega y cerámica, además de una puerta romana, mosaicos y un enorme sarcófago. Los objetos más impresionantes del Museo de Oriente Próximo vienen de la década de 1880, cuando formaron parte de una colección real de arquitectura, escultura y joyería de Babilonia, Irán y Asiria. Resultan sorprendentes la grandiosa puerta de Ishtar y la avenida procesional construidas en Babilonia. Del Museo de arte islámico, destacamos la fachada del palacio califal de Mushatta, regalo del sustán al emperardor Guillermo II, y la cúpula original de la Alhambra tallada en madera de cedro y chopo.


Bueno, pues ¿sabéis qué? Que lo hemos podido ver casi todo de la mano de Lucía Calvo (¿seremos parientes?), una gallega afincada en Berlín desde hace casi 20 años que aún no ha perdido su entrañable acento. Decir que ha sido encantadora sería decir poco, y ha hecho de la visita un encuentro maravilloso con el arte, lleno de anécdotas interesantísimas contadas con una cercanía, humor y cariño excepcionales. Gracias a ella, hemos podido encontrar una sección del Muro especial que los chicos querían visitar después. Así que bocata rápido cerca de Alexander Platz (famosísima plaza, antiguamente mercado de ganado y lana; hoy intercambiador de transportes), foto al Fernsehturm (la torre de televisión que con sus 325 m. se encuentra entre las estructuras más altas de Europa) y rumbo al Muro. Fotos, vídeos, paseos… hemos tenido hasta un ratito para sentarnos al sol, dar de comer a los patos (a dos en concreto, muy simpáticos que no se separaban de nosotros. Por cierto, que sigo sin saber de dónde ha salido el pan que les dábamos…) y hacer unos vídeos preciosos. Y cuando las piernas ya no aguantaban y teníamos más ganas de irnos a casa, llegaba el momento de hacer la que, seguramente, ha sido la mejor visita de todas: la prisión de la Stasi Gedenkstätte Berlin-Hohenschönhausen. Y no porque yo lo diga; vuestros hijos os lo contarán.


Este centro penitenciario de la dictadura comunista que se impuso en parte de, no sólo Alemania, sino Europa, es un emplazamiento clave que durante 44 años recluyó a las víctimas de la persecución política en la Zona de Ocupación Soviética. El instrumento más importante para el sostenimiento de la dictadura era vigilar y controlar a la población; y cuando alguien oponía resistencia o no era afín al régimen, intentaba huir o expresar su opinión libremente; era detenido y encarcelado en esta prisión (o en otra de las 16 restantes que existían en la RDA). Podemos imaginar que las condiciones de vida en el campo eran catastróficas. En un espacio muy estrecho se apiñaban hasta 4.200 personas (hasta 10 personas por celda), las condiciones higiénicas eran desoladoras y la alimentación catastrófica. Por esta horrible situación pasaron los detenidos considerados espías, divergentes, terroristas, activistas de nacionalsocialismo, miembros de la policía y el servicio secreto, y otras personas secuetradas totalmente al azar con el propósito de atemorizar a la población. Hasta 250.000 personas pasaron por aquí desde el fin de la II Guerra Mundial hasta la caída del Muro. Y Jorge Luis Vázquez García fue uno de ellos.


Cubano de nacimiento y criado bajo la dictadura castrista; Jorge huyó de la isla tratando de buscar formación y una oportunidad de escapar al régimen. Pensó encontrar su oportunidad en Berlín (uno de los pocos destinos a los que le era permitido viajar desde La Habana) pero el día menos esperado y delatado por un compañero de trabajo, fue detenido en un restaurante poco tiempo antes de conseguir escapar de la RDA con ayuda de la diplomacia occidental. Sólo estuvo retenido 10 días en esta cárcel… pero casi dos semanas pueden suponer toda una vida cuando uno vive lo que Jorge vivió. Días sin dormir, sin comer, sometidos a brutales interrogatorios, torturas físicas y sobre todo y especialmente psicológicas… no es algo que se olvide fácilmente. Por eso, lo que verdaderamente hace grande a Jorde es que, después de ser deportado a Cuba y cumplir su sentencia allí, decidió que su sitio estaba en Berlín para que su historia y la de sus compañeros no fuera olvidada; para que las generaciones venideras aprendamos de su historia y no tengamos la desgracia de tener que revivirla.


Acompañados por él, hemos recorrido “el submarino” (un sótano con celdas sin ventanas, parecidas a búnkeres, donde los detenidos podían pasar hasta 8 meses aislados en estancias frías y húmedas con un camastro de madera, sin poder dormir porque estaba prohibido, sin comida, y con una eterna luz artificial encendida que lo hacía a uno perder la noción del tiempo), las salas de interrogatorios, las celdas de la prisión común, el patio de recreo (cuidado, veinte minutos a la semana al aire libre en un jaula semienterrada donde sólo se podía ver el cielo a través del enrejado), y muchos sítios más. Pero lo mejor de esta visita no ha sido ver el lugar, sino conocer a Jorge y su historia. Le hemos preguntado sin descanso y sólo hemos parado porque la cárcel cerraba (hemos podido estar una media hora más de lo concertado), y también, por qué no decirlo, hemos llorado. Se podía sentir una emoción entre nosotros que sólo era atenuada por la risa y las amables palabras de su protagonista, que intentaba sacar siempre lo mejor de las situaciones más terribles: “Lo peor es encontrarte en el barrio, en el supermercado, a tus antiguos interrogadores y carceleros. Porque ellos no te recuerdan -o no quieren hacerlo- pero tú nunca olvidas sus caras. O cuando vienen a la prisión antiguos trabajadores que, lejos de mostrar arrepentimiento o deseos de pedir perdón, afirman que ellos hacían cumplir la ley que tú habías infringido, porque eras culpable. Eso sigue doliendo.” Son heridas invisibles, que no se aprecian con la vista pero que destruyen el alma y hay quien nunca consigue sanarse. Sin embargo, Jorge lo superó, ha perdonado (pero no olvida y evitar ese olvido es además su trabajo) y sigue adelante; contándonos hoy su historia con un humor agridulce y con muchos planes de futuro: libros, artículos, películas... Y con muchas ganas de que el Real Madrid gane la Champions, porque es un madridista de pura cepa. Nos ha despedida (a pesar de algún culé…) con un tremendo ¡Hala Madrid!


La vuelta ha sido silenciosa, reflexiva, triste… pero esperanzadora. Ahora ya sabemos que no sólo la extrema derecha ha causado estragos en el mundo, sino que cualquier dictadura sea del signo que sea, es despreciable; y es nuestro deber luchar contra ellas. “Sed felices y sobre todo, disfrutad de vuestra libertad. Yo os puedo decir que es el mayor tesoro que tenéis”.


Ya tenemos la maleta preparada para mañana, con las cosas que trajimos y las que hemos comprado. Sin embargo, el mejor equipaje que llevamos es el de la cosas invisibles que hemos aprendido. OMNIA MEA MECUM PORTO.


Buenas noches.

Fotos


miércoles, 6 de abril de 2016

Del Recuerdo al Monumento: una lección de vida.


Esta noche, llegamos al hotel muy cansados; no sólo físicamente por la paliza que llevamos encima (¡desde las 8:15 en la calle!) sino por la carga emocional de los lugares visitados hoy. La saturación provocada por la literatura, el cine y la televisión sobre el Holocausto le hace pensar a uno que está anestesiado, que ya no le afecta, que no duele. Hasta que visita Sachsenhausen.


La mañana ha estado entretenida. Hemos perdido una cartera con documentación, abono y dinero (tranquilos, esta historia tiene final feliz: la hemos encontrado por la tarde en el neceser… no preguntéis cómo, pero así ha sido...) y a medio camino también nos hemos dado cuenta de que se nos olvidaba algún DNI en el hotel (sólo contamos el pecado, ¡jamás delataremos al pecador!). Este retraso de casi una hora nos ha hecho llegar tan tarde al Campo de Concentración de Sachsenhausen, que pensábamos que perderíamos la visita concertada para las 10:00. Sin embargo, han sido muy amables y a pesar de que nuestro guía ya no estaba, han conseguido que una chica alemana con un español perfecto, nos atendiera fuera de su horario.


El camino hacia Oranienburg, a unos 30 km. de Berlín, se hace muy cómodo en el cercanías. ¡Algunos incluso se han echado una siesta! Después, un paseíto de 15 minutos y listos para entrar en el Centro Histórico Conmemorativo de Sachsenhausen. Nadie podría creer que casi en el centro de este tranquilo y bonito pueblo, se encontrara uno del los primeros centros de terror construido por los nazis prácticamente al llegar al poder en 1933. Lidia, nuestra guía, nos ha explicado que este Campo ha vivido muchas fases y etapas. Primero la de retener a los opositores al régimen nazi en sus primeros años; después, como campo de trabajo durante la II Guerra Mundial; más adelante, como campo de exterminio según se acercaba el final del conflicto: y para terminar, como cárcel del régimen soviético tras la construcción del Muro. Hoy es un gran centro para el recuerdo y ver la cantidad de gente joven que viene a visitarlo, a comprender nuestra historia y a formarse, nos da un poquito de esperanza acerca del futuro.


El campo fue pionero en muchos aspectos y en él se llevaban a cabo investigaciones y experimentos para mejorar las técnicas nazis de represión, esclavitud y asesinato. Muchos campos aprendían de Sachsenhausen y ponían en práctica los “logros” conseguidos aquí. 400 hectáreas destinadas al asesinato personal y luego masivo de los distintos grupos sociales a los que acogía: desertores y objetores de conciencia, comunistas, Testigos de Jehová, gitanos, homosexuales, soviéticos, antisociales (personas pobres, en paro, enfermas…) y, finalmente, judíos. Y es interesante recordar que no sólo murieron judíos a causa del nazismo. Ni muchísimo menos. Cualquier persona que supusiera un poblema (del tipo que fuera) para Himmler, comandante en jefe de las SS, podía acabar aquí (donde por cierto, se entraron los miembros de este comando).


Hemos visto los barracones donde estaban alojadas hasta 20.000 personas en los tiempos de mayores detenciones (en un reducido espacio diseñado para la tercera parte de esa cantidad), los baños y salas comunes. Hemos visto también la “Torre A”, centro de control de esta zona para prisioneros. Este campo tenía un diseño especial copiado después por otros tantos campos, pues al disponer los barracones formando un semicírculo, marcados por los ejes y las simetrías; permitía controlar cualquier punto desde esa torre y disparar a cualquier individuo desde una sola metralleta fija en la torre. Hemos pasado también por la zona de fusilamientos masivos, hemos visto fosas comunes, los lugares donde se almacenaban los cadáveres… y los hornos crematorios. También hemos aprendido las distintas técnicas que se utilizaban para acabar con los prisioneros (en especial, la “vara de medir” que incrustaba una bala en la nuca de la víctima), qué se hacía después con sus restos… En fin, ya sabemos qué es lo que ocurría desde el día de la detención hasta el paso por la Sala Z (Si en la Torre A empezaba todo… en la Z concluía). Parece que el clima ha querido acompañarnos en nuestro recorrido por uno de los momentos más oscuros de Europa, y nos ha llovido un poquito mientras estábamos en la visita y durante el camino de vuelta a la estación. Teníamos un poco de frío (ayer nos hizo confiarnos) pero cuando Lidia nos ha dicho que los prisioneros pasaron inviernos de -20ºC vestidos con el conocido pijama de rayas, se nos han pasado las ganas de quejarnos. Al final del recorrido, una cuantas fotos más, unos libros en la tienda y ¡de vuelta a Berlín! Confío en que más de uno, ha venido cambiado. Seguro que todos han vuelto concienciados.


Por la tarde, comida en nuestro centro comercial favorito y rumbo al Memorial de los Judíos Asesinados en Europa. Está en el centro de la ciudad, pegadito a nuestro hotel, y es el monumento conmemorativo más importante de Alemania en recuerdo de los judíos asesinados. Se remonta a una iniciativa ciudadana de finales de 1980 promovida por la periodista Lea Rosh y el historiador Eberhard Jäckel. El 25 de junio de 1999 el Parlamento Alemán aprobó la propuesta de la ley para la construcción del monumento según el proyecto de Peter Eisenman, y la creación de una Fundación Federal para su manutención.


El 1 de abril de 2003 comenzó la construcción y el 12 de mayo de 2005 se inauguró al público. El monumento consta de un campo de 19.000 m2 con 2.711 cubos de homigón (que perfectamente podrían ser tumbas de distintos tamaños y alturas) y que recuerdan a los millones de asesinados por los nazis. Nuestro guía, Robert, nos ha dicho que caminásemos entre los bloques, que atravesáramos el laberinto de cemento y que volviésemos con las sensaciones de la experiencia. Lejos de ser agobio y terror la sensación general, los chicos se lo han pasado pipa jugando al escondite, persiguiéndose entre gritos, trepando por los bloques (aunque estaba prohibido, pero no lo sabíamos) y haciéndose fotos sin descanso. Llama la atención que al preguntarles por lo sentido la palabra fuera: DIVERSIÓN. Y en cierto modo, esta es la intención del Memorial. Recordar a los judíos pero de una manera única, diferente: con una obra de arte que conjugue la estética y el horror, la diversión y la pena, la belleza y la vergüenza.


Después de la experiencia, hemos bajado a la sala de exposiciones que se encuentra bajo los bloques de hormigón y que alberga la exposición general. Armandos con nuestras audioguías en español, la visita comienza con una información general sobre la política del terror nacionalsocialista desde 1933 hasta 1945. A través de una serie de textos e imágenes se presenta la persecución y asesinato de los judíos europeos. Seis retratos en formato grande representan a los seis millones de víctimas. Más adelante, nos encontramos con cuatro salas: la de las Dimensiones (constituida por los artículos de periódicos, cartas y las últimas notas que se escribieron durante la persecución), la de las Familias (a través de 15 de ellas se representan diferentes biografías con documentos y fotos que reflejan la variedad del judaísmo europeo, y que informaban sobre el exterminio, la expulsión y el asesinato de estas familias), la de los Nombres (donde se pueden escuchar los nombres y breves biografías asociadas a éstos, de los judíos exterminados en toda Europa. La lectura completa de la biografía de todas las víctimas ¡duraría unos seis años, siete meses y 27 días!), y finalmente la sala de los Lugares (donde se presenta el Holocausto en su extensión geográfica en toda Europa: se exhiben 220 lugares como muestra de la persecución y exterminio de las víctimas).


Una visita que dura unas dos horas pero que nosotros hemos hecho en la mitad de tiempo, pues aún os quedaba una visita más. Así que firma en el libro de visitantes y rumbo a Check Point Charlie.


Entre 1961 (año de levantamiento del Muro) y 1990 (caído en noviembre de 1989), el Check Point Charlie era el único punto de paso para los extranjeros entre Berlín del Este y Berlín del Oeste. Pegado, en “Haus am Check Point Charlie” se puede ver una colección sobre la construcción del Muro y los intentos de huida de los alemanes del oeste al este. Pero no nos ha dado tiempo porque las tiendas de regalitos y la foto con el mítico hombre que está en el puesto de control, nos han robado mucho tiempo. Acabado el book fotográfico de hoy, cena cerca de casa y rápido a ver el partido del Madrid.


Sin duda, el dolor de piernas, el cansancio y los pies rotos, han merecido la pena. La de hoy ha sido una lección que no se aprende en el colegio, sino que nos la enseña la vida. Ojalá que después de hoy, seamos un poco mejores. Ojalá que, cuando se vayan del cole, sea lo más importante que se lleven en la mochila. Ojalá que lo conserven toda la vida.

Mañana, más, y seguro que mejor. Os dejamos un resumen del día de hoy en nuestras fotos. ¡Buenas noches!




martes, 5 de abril de 2016

Wir sind Berliners!

Hemos tomado prestada la famosísima cita del discurso de John F. Kennedy durante la Guerra Fría, “Ich bin Berliner” (“yo soy berlinés”) y la hemos adaptado al plural, pues hoy somos 21 españolitos los que nos sentimos un poco berlineses.


Esta primera jornada ha comenzado bien prontito: a las 7 de la mañana, todos estábamos en el aeropuerto, listos con nuestras tarjetas de embarque para despegar a las 8:45. Tres horas de viaje que han pasado rapidito (nos hemos cambiado de sitio, con alguna que otra bronca de las azafatas…) y nos han llevado a un Berlín desconocido: 23ºC! Sudaderas fuera y en manga corta todo el día. Alucinante.


Después de comprar nuestro abono de transporte de 3 días, hemos tomado el bus desde el aeropuerto de Tegel, dirección Puerta de Brandenburgo. Nueve paradas, casi de puerta a puerta porque nuestro Hostal se encuentra a 10 minutos a pie de la emblemática puerta de la ciudad. Un lujazo porque tenemos casi de todo al alcance de la mano: sitios históricos, restaurantes, centros comerciales, metro, autobús… ¡Nos encanta nuestro barrio! Así que después de dejar las maletas en consigna (el check-in era a las 3) nos hemos ido a ver la Puerta de Brandenburgo de cerca. Es el símbolo de Berlín por excelencia y desde su restauración en 2002, esta magnífica estructura neoclásica resplandece con más fuerza que nunca. Para su construcción, llevada a cabo por Carl G. Langhans entre 1789 y 1791, se tomaron como modelo los pórticos neoclásicos de Atenas. Desde el S. XIX ha sido testigo de numerosos eventos transcendentales, entre ellos, las dos Guerras Mundiales y el levantamiento del Muro durante la Guerra Fría, que la dejó en el lado soviético de la ciudad.


Después, también hemos pasado por el Memorial del Holocausto (del cual hablaremos mañana) y finalmente hemos podido comer ¡nos moríamos de hambre! Currywurst por aquí, pizza por allá… Justamente en frente del Memorial; cosa que puede quitar un poco el hambre por lo que el monumento significa… pero que no ha sido nuestro caso porque ya hemos dicho que teníamos muuucha hambre.


De vuelta al hotel, parada de rigor en el supermercado a por agua y otros víveres para nuestra supervivencia (tales como unas pinzas de depilar o maquillaje… ¡fundamentales para aguantar 4 días en Berlín!). Ya de vuelta en el hotel, nos hemos instalado, hemos podido descansar un ratito (muy corto, la verdad) y a las 5 de la tarde hemos puesto rumbo al Parlamento alemán o Reichstag.


Éste es uno de los edificio más simbólicos de Berlín, y fue construido entre 1884 y 1894 por Paul Wallot como orgullosa manifestación del Reich. Fue destruido por un incendio en 1933, y las acusaciones vertidas sobre los comunistas aceleraron la caza de brujas emprendida por los nazis. El edificio sufrió graves daños cuando los rusos entraron en Berlín al final de la II Guerra Mundial… hasta tomar su aspecto actual en 1999, cuando tras cinco años de trabajo, Sir Norman Foster transformó el Reichstag en un moderno salón de congresos coronado por una preciosa cúpula de cristal. Es esta última la que hemos tenido la suerte de poder visitar tranquilamente, a nuestro aire y sin prisas, con una estupenda audioguía en español.


La cúpula tiene una rampa ascendente que bordea el interior y te permite contemplar la ciudad desde un punto de vista único. Hemos podido ver desde arriba, entre otros, el Hospital Charité (creado en 1710 para cuidar de las víctimas de la peste), el edificio Marie-Elisabeth Lüders (actual biblioteca del Parlamento), la antigua Oficina de Patentes (hoy oficinas del Parlamento), la Torre del Televisión y Comunicaciones, la Catedral de Berlín, el Ayuntamiento de la ciudad, la catedral de St. Hedwig’s, la Academia de Bellas Artes, el Memorial del Holocausto, la Puerta de Brandenburgo, el Auditorio de la Filarmónica Berlinesa, el Monumento a los Soviéticos caídos y la Plaza Postdamer ¡entre muchas otras cosas! Han sido a estos dos últimos sitios hacia donde hemos dirigido nuestros pasos.


El primero es un gigantesco monumento, descubierto en 1995, y flanqueado por los dos primeros tanques que entraron en la ciudad, y que recuerda a los más de 300.000 soldados soviéticos que perecieron en la batalla de Berlín al final de la II Guerra Mundial. La vasta columna diseñada por Nicolai Sergiejev se esculpió con mármol, mientras que el impresionante soldado de bronce que la corona, nos recuerda a los más de 2.500 soldado que hay enterrados bajo el monumento y en el parque de alrededor… sobre el cuál nos encontrábamos nosotros de pie. Encoje el alma, ¿no?


Depués, y como última visita del día, Postamer Platz; que nos ha hecho sentir la energía del nuevo Berlín. Aunque ahora también tiene muchísima vida, en la década de los 20 del siglo pasado, fue la plaza más activa de Europa. Surgió en 1831 a partir de un parque y su nombre viene de una de las puertas de la ciudad, Postdamer Tor. A principios del S.XX se convirtió en el centro de la vida nocturna de Berlín y se realizó la primera emisión de radio de Alemania en 1923. La plaza quedó casi totalmente destruida en abril de 1945, lo que la convirtió en un basto espacio a la sombra del muro de Berlín, donde los turistas occidentales situados en lo alto de la plataforma de observación, podían echar una mirada rápida sobre el muro. Ahora que éste ha caído, los turistas podemos contemplar en el suelo la línea de adoquines que marca el camino que trazaba este “muro de la vergüenza” y además, contemplar unos cuantos paneles del muro original. No sólo los hemos visto, sino que sumándonos a lo que ya es tradición, algunos han pegado su chicle sobre el mismo y otros hemos dejado una firmita. Nuestro pequeño grano de arena a la historia de Europa.


¡Y qué alegría cuando hemos visto un centro comercial enorme justo en la plaza! Los profes hemos podido sentarnos un ratito (¡por fin!) a cenar y los demás, han hecho lo que más les gusta: COMPRAR (qué mal lo hubieran pasado algunos al otro lado del Muro…). Así que se han llevado el bocadillo o la hamburguesa para cenar en el hotel. Una ducha y a dormir, que aquí a las 22:00… se acaba la juerga ¡ya nos han advertido!

Os dejamos algunas de las fotos del día y nos despedimos para poder cargar las pilas, que mañana nos espera una jornada larga y cargada de actividades. ¡Buenas noches y hasta mañana!




jueves, 10 de marzo de 2016

Empezando con los preparativos

Como viene siendo tradición, las salesianas de la Dehesa de la Villa, se van de Viaje de Estudios. Este año, con novedades pues cambiamos el destino: Berlín espera la primera semana de abril a los estudiantes de 4º ESO.

Con los billetes, alojamiento y visitas cerradas, llega el momento de empezar con los preparativos: permisos, documentaciones, maletas....

Este jueves a las 16:45 los padres de 4ºESO estáis invitados a participar en una reunión informativa sobre estas cuestiones y alguna cosa más...

¡Os esperamos!